Monición de entrada. Domingo 1º de Adviento, ciclo A. "INVITACION A LA VIGILANCIA, PARA LA VENIDA DE CRISTO"


Dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del Hombre pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre: dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre”. (Mt. 24, 37-44)

Diálogos desde el Evangelio. Domingo 1º de Adviento

Diálogos desde el Evangelio. Domingo 34º del T.O.

Lectura del santo evangelio según S. Lucas. 23,35-43
En aquel tiempo, las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús diciendo: A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de dios, el Elegido.
Se burlaban de Él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS”. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro le increpaba: ¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio éste no ha faltado en nada.
Y decía: Jesús, acuérdate de mi cuando llegues a tu reino. Jesús le respondió: Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.
Palabra del Señor

Monición de entrada. Domingo 34º del T.O., ciclo C. "JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO"

Las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido”. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: “Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: Éste es el Rey de los Judíos. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro lo increpaba: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada”. Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Jesús le respondió: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23, 35-43)

Ser cristiano no está de moda, por Edgar Sánchez Agulló

Interesante reflexión en MediterraneoDigit@l.com. Lo podéis consultar en este enlace.

Diálogos desde el Evangelio. Domingo 33º del T.O.

Monición de entrada. Domingo 33º del T.O., ciclo C. "LAS SEÑALES DEL CIELO Y LOS FALSOS PROFETAS"

Algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: “Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿Cuándo va a ser esto?, ¿Y cuál será la señal de que todo eso está por suceder?” Él contestó: “Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: “Yo soy” o bien “el momento está cerca”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no vendrá en seguida” Luego les dijo: “Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. (Lc. 21, 05-18)

Consecuencias ocultas, por Luis Enrique Gámez Expósito

Luis Enrique es un joven médico que ejerce en nuestra comunidad y ha querido compartir con nosotros una experiencia impactante que ha vivido en el ejercicio de su profesión.
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"Tenía ganas de escribirlo alguna vez, pues contarlo a mi gente ya se lo había contado.

Parte de mi experiencia personal cuando estaba realizando la residencia como MIR se desarrolló en el Hospital Santa María del Rosell de Cartagena como médico de guardia en las urgencias de dicho hospital.

Monición de entrada. Domingo 32º del T.O., ciclo C. "LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS"

Se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere el hermano, dejando mujer pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿De cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella”. Jesús les contestó: “En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son Hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para Él todos están vivos”. (Lc. 20, 27-38)

Diálogos desde el Evangelio. Domingo 32º del T.O.